Bueno, pues.... Habíamos superado casi todas las dificultades con cierta comodidad, pese al hierro que llevábamos, o mejor dicho, que nos llevaba.
Pero, como suele suceder cuando uno va como no debe a los lugares que no se debe de ir de esa manera, pasó lo inevitable. Y solo nos quedaba como una hora de camino para llegar a nuestro destino.
Aunque habíamos madrugado bastante, cometimos el error de parar un par de veces en la ruta para ir probando a tirar nuestras moscas donde veíamos alguna buena postura de pesca y se nos echó la noche encima.
Nos quedamos atascados en ese lugar, con un terreno que era puro lecho de río. Buscamos y encontramos una tabla de madera y algunos troncos. Cavamos piedra y más piedra y arena y más arena todo lo que pudimos. Cavamos con pala y a mano. Nos metimos un palizón y lográbamos sacar al muerto cuatro o cinco metros más pero otra vez atascados hasta el fondo. Terminamos agotados, jodidos de frío y cagándonos en la puta madre que parió a la Patagonia. Pero ¿quién cojones nos dijo que fuésemos a donde íbamos con lo que nos pusimos encima?.
Eso sí, nos pusimos ciegos de beber vino, cervezas y, por supuesto, entre juramento y me cago en....... nos reímos de nosotros mismos, nos descojonamos del mundo y me acordé de algunos amigos y amigas que gustan de viajar a lugares más confortables, con Spa, shopping y relax en la piscina viendo curvas poderosas y musculitos jóvenes. Si me ven allí pensarían indefectiblemente que estoy loco, a mis años y por el mundo de esa manera.
Pero, de verdad, a pesar de todo, me encanta algo de esto de vez en cuando.
Continuará.
